Un confuso cuento de heridas abiertas y cerradas.
Hoy, un pájaro ha volado un poco más alto de lo que suele hacer. Esto fue muy por la mañana temprano y aún no había salido el sol, por eso se despistó y voló muy muy cerca de las nubes. Volaba rápido, se pensaba que estaba perdido, y como arriba hace mucho frío y las nubes están húmedas, se constipó enseguida. Empezaba a estornudar mientras volaba, y cada estornudo deshacía las nubes en pequeños copitos, como cuando se sopla un diente de león. Se tapaba la nariz con un ala para contenerse, pero al taparse tenía que dejar de volar y estuvo a punto de caer al vacío un par de veces. De repente se tuvo que parar en el aire y dió el mayor estornudo que un pájaro puede ser capaz de dar. La nube se deshizo entera y mirando hacia abajo comprobó que estaba ya muy cerca de su casa, así que voló hacia la tierra contento pero sabiendo que esa semana la pasaría en la cama. Cuando bajó vió que estaba nevando y había muy poca gente en la calle. Eso sí, vió a un chico de unos 25 años cubierto hasta los topes de algodón mojado. "¿De dónde habrá sacado ese algodón?"-se preguntaba el pájaro-"Aquí en Amberes no tenemos de ese tipo", y voló un poquito cerca de él, para adivinarlo. ¡Qué tonto, no era algodón, era nieve que se le había pegado, y en Amberes hay para dar y tomar!
Ayer una mano de mujer abrió las entrañas de la tierra con un bisturí oxidado, partiendo las venas en dos, raíces moribundas, y bebiendo la sangre que brotaba a borbotones con los labios manchados y las manos ensangrentadas como una loca vaciaba la tierra de la savia que años de fotosíntesis costó a los árboles. Como un vampiro lloraba, sabiendo que mañana esos mismos árboles que dieron frutos dulces y maduros no sabrán igual, y tardará mucho en volver a beber de la sangre que ahora la alimentaba. Sus lágrimas eran rojas, sus ojos morados por el insomnio, su boca escupía vidas desdichadas y rotos los lazos con lo exterior, se alimentaba de la tierra que la dió de nacer. Y lloraba como un niño que incapaz de beber papilla sigue amamantándose de la teta de su madre hasta dejarla seca.
Pero mañana alguien abrirá las entrañas de la noche, y oscura la figura entera pasará a través de las vidas de la gente que inconsciente habla de cualquier tipo de historia. Cruzará invisible pero perenne, con miradas furtivas hablará de lo indecible y suministrará el conocimiento del espíritu sobre los hombros cansados de trabajar y vivir el día a día. Un paseante sobre las cabezas de las gentes, que pondrá un pie en cada uno sin éste siquiera sentirlo, de ligero que fuera. Y como una abeja transporta el polen de flor en flor, él llevará todo el fruto de esas cabezas que pise allá donde vaya. La caspa sobre la calva, la calva sobre las greñas, las greñas sobre el "look recién levantado", el "look recién levantado" sobre las trenzas cosidas, y un largo etcétera de vida enredada en cabellos de otros.
Hoy, una capa de algodón ha cubierto la herida abierta en la corteza terrestre con el suave tacto de la nieve virgen. Mañana alguien pisará esta nieve con paso firme, cerrando definitivamente la hemorragia, y su blancura virgen se volverá gris por la suciedad de unos zapatos noctámbulos que portarán la pasión de la vida ahora y para siempre.
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